Airosa, un poco vaga y le encanta ser portadora de malas noticias, pero Hogwarts no sería lo mismo sin su Adivina residente.

Sabemos que no es fácil crecer bajo la sombra de un ancestro famoso, especialmente cuando has escogido la misma carrera. Pobre Sybill, consciente de que siempre fue comparada con su tatarabuela, la vidente Cassandra Trelawney.

Aunque cree fervientemente en sus propias habilidades, hay una parte de ella que sabe la verdad: no es tan naturalmente talentosa como profesa que es.

Aunque fascinante, y con un poco de herencia por parte de su tatarabuela al ser la segunda vidente, Sybill no está consciente de su gran poder. Nunca recuerda sus trances que resultan en monumentales predicciones, y rechaza a cualquiera que repita sus palabras. Increíblemente, Trelawney no tiene ni idea de que fue ella quien hizo la profecía que sellaría el destino de Harry.

Muchas de las predicciones de su día a día son completamente al azar y tienen poca resonancia, pero si indagas un poco más, resultan ser verdaderas… de una forma ligeramente rotunda. El problema con Sybill es que parece no entender bien sus propios dones, lo que la lleva a malinterpretar lo que ve o lee en las hojas del té.

Tal vez por esa razón siente la necesidad de crear en sí misma a una persona excéntrica; pero una cosa es cierta, le gusta impresionar.

Ha creado cuidadosamente una imagen con sus anteojos grandes que magnifican sus ojos varias veces su tamaño natural y el uso excesivo de chales brillantes. Ella podrá verse como una misteriosa y poderosa adivina que lo ve todo, pero su apariencia general es más a la de un “insecto grande y brillante” como Harry la imaginó – nadie podría olvidarla rápido. Es bastante aterradora a primera instancia.

Su estilo peculiar no se detiene ahí, su claustrofóbica torre es una extensión de ella misma, con vastas cortinas y vapores perfumados que emiten un aura de otro mundo.

Y es ahí donde yace el problema con Sybill: trata demasiado. Su habilidad no es respetada lo suficiente para hablar por sí misma, así que hece lo mejor que puede para demostrar que es una verdadera adivina. Los resultados no siempre son lo que uno esperaría.

La primera clase de Harry es más un espectáculo que una lección, y es claro que desde el principio la profesora Trelawney se deleita con las impresiones. Su horrible pronunciamiento de que Harry se encontraría con su final en un no muy distante futuro se vuelve más interesante cuando la profesora McGonagall revela que no es una ocurrencia inusual.

No está claro si Sybill cree que Harry está realmente condenado – o es parte de su calculadora estrategia para mantener la atención y el respeto de su nueva clase.

Además de todo, es graciosa.

‘Por cierto, querida,’ dijo de repente a Parvati Patil, ‘cuídate de un hombre pelirrojo’.

Harry Potter y el Prisionero de Azkaban

O está en sintonía con alguna longitud de onda que no comprendemos, o tiene un secreto – y excelente – sentido del humor.

Eso es lo que es tan entretenido de Sybill Trelawney: es tan etérea que pareciera que flota sobre los bordes de la realidad, pero también puede ser aguda, divertida y calculadora. Y aún así, defiende su talento, como la vez que Umbridge la puso nerviosa y a la vez molesta por el interrogatorio. Es difícil no sentir pena por ella cuando está lanzando predicciones al azar en orden de probar su valor. Su soñadora y amable manera de ser, pronto cambia por una abrupta y acusadora.

La relación con sus alumnos es similar; Sybill se preocupa y acoge sólo a aquellos que demuestran una apropiada admiración y respecto tanto por ella como para su materia – lo que le lleva a sentir antipatía por la lógica Hermione. En su lugar, favorece a Lavender y Parvati, quienes la adoran y ella se siente florecer entre las palabras de sus alumnas.

Y todo nos lleva de regreso al querer ser reconocida. Aunque parezca que no se da cuenta de lo que ocurre a su alrededor, muy ocupada enredada en sus hojas de té y cartas del tarot, debe de ser consciente de su reputación entre profesores y estudiantes.

Mientras muchos la ven como un fraude, Sybill en ocasiones se encuentra con el sarcasmo e incredulidad de otros profesores quienes la encuentran irritante o inquietante, y aunque parece que no tiene verdaderos amigos eso no parece molestarle, de hecho ella se considera muy superior a sus colegas. Tal vez por eso se mantiene encerrada en su torre, lejos de todos. Es una solitaria por elección. Y no es que le importe mucho, Sybill encuentra confort en sus habilidades, cargando sus cartas a todos lados y murmurando desdichosas predicciones cuando se le ve recorriendo el castillo.

A pesar de su dureza, hay algo frágil y casi infantil sobre la profesora de Adivinación que se pudo ver cuando Umbridge trató alegremente de correrla del castillo. Su terror y total desesperación la hicieron la hicieron más fácil de relacionarse que lo que había sido antes, y su amor por Hogwarts no podía ser más claro.

Y cuando el castillo fue atacado, Trelawney no se escondió en su torre: se metió a luchar, lanzando bolas de cristal a los Mortífagos con sorprendente ferocidad.

Es una masa de contradicciones y aunque no puede ser la más popular residente de Hogwarts, hay que reconocerle por lo menos algo: ha sido el único profesor que ha hecho que Hermione salga de clase.

Fuente: Pottermore

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