Chapter_008

Analizaremos los capítulos 8 y 9 del libro. Será una jornada intensa, por eso mantén una fría cerveza de mantequilla contigo (¡o un calentito pastel de caldero si vives en el hemisferio sur!) y acompáñanos a redescubrir estos capítulos. Recuerda que puedes consultar los resúmenes de capítulos anteriores y breves biografías de los personajes haciendo clic en el banner ubicado en la página principal.

Ahora, llegó el turno de adentrarnos en el capítulo número 8.

En Hogwarts había 142 escaleras, algunas amplias y despejadas, otras estrechas y destartaladas. Algunas llevaban a un lugar diferente los viernes. Otras tenían un escalón que desaparecía a mitad de camino y había que recordarlo para saltar. Después, había puertas que no se abrían, a menos que uno lo pidiera con amabilidad o les hiciera cosquillas en el lugar exacto, y puertas que, en realidad, no eran sino sólidas paredes que fingían ser puertas. También era muy difícil recordar dónde estaba todo, ya que parecía que las cosas cambiaban de lugar continuamente. Las personas de los retratos seguían visitándose unos a otros, y Harry estaba seguro de que las armaduras podían andar.

Harry Potter y la Piedra Filosofal, Cap 8 «El profesor de pociones»

Comenzamos este capítulo con una breve introducción de la vida en Hogwarts y de los primeros días de Harry estudiando en ella. Él estaba muy entusiasmado por tomar sus clases. Rápidamente, conocemos un poco más sobre las diferentes asignaturas de Hogwarts y los profesores que las impartían. Pociones, Transformaciones, Defensa Contra las Artes Oscuras, Astronomía, Historia de la Magia… ¡Que genialidad! ¡Mientras las íbamos leyendo, todos queríamos estudiar esas materias!

A pesar de haber estado ya una semana en Hogwarts, Harry nunca había recibido una carta. Sus tíos jamás le enviarían nada, y él lo sabía perfectamente. Para su fortuna, la mala racha duró hasta aquél día.

Querido Harry (decía con letra desigual), sé que tienes las tardes del viernes libres, así que ¿te gustaría venir a tomar una taza de té conmigo, a eso de las tres? Quiero que me cuentes todo lo de tu primera semana. Envíame la respuesta con Hedwig.

Carta de Hagrid. Cap 8 «El profesor de pociones»

Fue una suerte que Hagrid hubiera invitado a Harry a tomar el té, porque la clase con el profesor Snape resultó ser la peor cosa que le había ocurrido allí hasta el momento. Las clases de Pociones se daban abajo, en las mazmorras. Hacía mucho más frío allí que arriba, en la parte principal del castillo, y habría sido igualmente tétrico sin los animales conservados flotando en frascos de vidrio que estaban por todas las paredes.

Potions_Master

En aquél momento conocemos al profesor Severus Snape – el profesor que rápidamente la mayoría odiaría.

— ¡Potter! — dijo de pronto Snape —. ¿Qué obtendré si añado polvo de raíces de asfódelo a una infusión de ajenjo?

¿Raíz en polvo de qué a una infusión de qué? Harry miró de reojo a Ron, que parecía tan desconcertado como él. La mano de Hermione se agitaba en el aire.

— No lo sé, señor — contestó Harry.

Los labios de Snape se curvaron en un gesto burlón.

— Bah, bah… es evidente que la fama no lo es todo.

No hizo caso de la mano de Hermione.

Harry Potter y la Piedra Filosofal, Cap 8 «El profesor de pociones»

Snape encontraba en Harry la razón por la cual Gryffindor debía perder puntos. Lo miraba como conociéndolo, pero al mismo tiempo, odiándolo. Harry no entendía el tipo de relación que tenía el profesor. Pero tampoco intentaba entenderla tampoco. De hecho, para él era mejor evitar el tema. Esa clase con Snape cayó como un balde de agua fría a Harry. Por suerte esa tarde, iría con Hagrid.

Harry fue con Ron a casa de Hagrid a tomar el té, como habían quedado por lechuza. Hagrid vivía en una pequeña choza a las afueras de los terrenos del castillo y a orillas del oscuro bosque prohibido. Hagrid había cocinado pastel.

— Otro Weasley, ¿verdad? — dijo Hagrid, mirando de reojo las pecas de Ron —. Me he pasado la mitad de mi vida ahuyentando a tus hermanos gemelos del bosque.

El pastel casi les rompió los dientes, pero Harry y Ron fingieron que les gustaba, mientras le contaban a Hagrid todo lo referente a sus primeras clases. Fang tenía la cabeza apoyada sobre la rodilla de Harry y babeaba sobre su túnica.

Harry Potter y la Piedra Filosofal, Cap 8 «El profesor de pociones»

Encima de la mesa, Hagrid tenía un recorte sobre una noticia del diario “El profeta”, se acercó a mirarla. Era sobre un robo reciente en Gringotts. La fecha coincidía con su fecha de cumpleaños, misma fecha a la que fueron al banco a buscar su dinero y también el pequeño elemento de la bóveda 713. El robo se había intentado producir ese mismo día, momentos después de que él se fue del banco.

Mientras Harry y Ron regresaban al castillo para cenar, con los bolsillos llenos del pétreo pastel que fueron demasiado amables para rechazar; Harry pensaba que ninguna de las clases le había hecho reflexionar tanto como aquella merienda con Hagrid. ¿Hagrid habría sacado el paquete justo a tiempo? ¿Dónde podía estar? ¿Sabría algo sobre Snape que no quería decirle? “

Harry Potter y la Piedra Filosofal, Cap 8 «El profesor de pociones»

Chapter_009

Harry nunca había creído que pudiera existir un chico al que detestara más que a Dudley, pero eso era antes de haber conocido a Draco Malfoy. Sin embargo, los de primer año de Gryffindor sólo compartían con los de Slytherin 100 la clase de Pociones, así que no tenía que encontrarse mucho con él. O, al menos, así era hasta que apareció una noticia en la sala común de Gryffindor; que los hizo protestar a todos. Las lecciones de vuelo comenzarían el jueves… y Gryffindor y Slytherin aprenderían juntos.

—Perfecto —dijo en tono sombrío Harry—. Justo lo que siempre he deseado. Hacer el ridículo sobre una escoba delante de Malfoy.

Deseaba aprender a volar más que ninguna otra cosa.

Harry Potter y la Piedra Filosofal, Cap 9 «El duelo a medianoche»

Al día siguiente de haber ido a la cabaña de Hagrid, Harry se entera que tendría próximamente sus clases de vuelo, donde debería aprender a volar en escobas, tal y como lo hacen todos los magos y brujas. Aquél día estaba en el Gran Salón, en la mesa de los Gryffindor, y su charla fue interrumpida cuando una lechuza trajo el correo. Era algo para Neville Longbottom, de parte de su abuela. El chico abrió el paquetito con cuidado y sacó de él una bola de cristal, con humo blanco dentro. De inmediato, Hermione salí a decirles a todos lo que era eso: ¡Una recordadora!

Aquella tarde, a las tres y media, Harry, Ron y los otros Gryffindors bajaron corriendo los escalones delanteros, hacia el parque, para asistir a su primera clase de vuelo. Era un día claro y ventoso. La hierba se agitaba bajo sus pies mientras marchaban por el terreno inclinado en dirección a un prado que estaba al otro lado del bosque prohibido, cuyos árboles se agitaban tenebrosamente en la distancia.

Los Slytherins ya estaban allí, y también las veinte escobas, cuidadosamente alineadas en el suelo. Harry había oído a Fred y a George Weasley quejarse de las escobas del colegio, diciendo que algunas comenzaban a vibrar si uno volaba muy alto, o que siempre volaban ligeramente torcidas hacia la izquierda.

Entonces llegó la profesora, la señora Hooch. Era baja, de pelo canoso y ojos amarillos como los de un halcón.

—Bueno ¿qué estáis esperando? —bramó—. Cada uno al lado de una escoba. Vamos, rápido.

Harry Potter y la Piedra Filosofal, Cap 9.«El duelo a medianoche»

En aquella clase, Neville no logró mantener la estabilidad de su escoba y salió impulsado por una mala maniobra de escoba, provocándole una fractura de muñeca. La Profesora Hooch tomó al niño y se lo llevó a los estudiantes, advirtiéndoles que deberían “dejar las escobas donde estaban o estarían fuera de Hogwarts más rápido de lo que podían tarde en decir quidditch”.

Draco_Remembrall

En la hierba estaba la recordadora de Neville, que se le había caído de sus bolsillos mientras sufría el descontrol de su escoba. Draco se acerca hacia ella y la toma. Inmediatamente se burla del niño y sale volando con su escoba. Al llegar alto, gritó con tono de bravucón hacia Harry, incitándolo a que rompa las reglas.

— ¡Ven a buscarla, Potter!

Harry cogió su escoba.

— ¡No! — gritó Hermione Granger —. La señora Hooch dijo que no nos moviéramos. Nos vas a meter en un lío.

Harry no le hizo caso.

Harry Potter y la Piedra Filosofal, Cap 9 «El duelo a medianoche»

Harry se elevó del suelo y Draco lanzó la recordadora por los aires, mientras aprovechaba a descender de su escoba. Harry salió en busca de la bola antes de que ésta pueda caer al suelo y romperse.

Harry vio, como si fuera a cámara lenta, que la bola se elevaba en el aire y luego comenzaba a caer. Se inclinó hacia delante y apuntó el mango de la escoba hacia abajo. Al momento siguiente, estaba ganando velocidad en la caída, persiguiendo a la bola, con el viento silbando en sus orejas mezclándose con los gritos de los que miraban. Extendió la mano y, a unos metros del suelo, la atrapó, justo a tiempo para enderezar su escoba y descender suavemente sobre la hierba, con la Recordadora a salvo.

Harry Potter y la Piedra Filosofal, Cap 9 «El duelo a medianoche»

La profesora McGonagall lo esperaba en tierra firme. Draco reia a carcajadas. Su plan había salido a la perfección.

Lejos de ocurrir lo que Malfoy esperaba, la profesora McGonagall le presenta a Harry a Oliver Wood, el capitán del equipo de Quidditch de Gryffindor, y le ofrece un puesto poco usual para un estudiante de primer año: Buscador.

La profesora McGonagall observó con severidad a Harry, por encima de sus gafas.

— Quiero oír que te entrenas mucho, Potter, o cambiaré de idea sobre tu castigo.

Luego, súbitamente, sonrió.

— Tu padre habría estado orgulloso — dijo —. Era un excelente jugador de quidditch.

Harry Potter y la Piedra Filosofal, Cap 9 «El duelo a medianoche»

Una hora más tarde, la noticia se propagó por todo el castillo. ¿Harry Potter en quidditch? ¿De buscador?

Draco no lo soportó. Esperó a encontrarse con Harry en uno de los pasillos y lo retó a un Duelo de Magos a medianoche. Harry no tenia mucha escapatoria. Asi que debia esperar a que sea de noche para escapar de su sala común e ir en la búsqueda de Draco. La advertencia de Hermione no tardó en llegar:

— No debes andar por el colegio de noche. Piensa en los puntos que perderás para Gryffindor si te atrapan, y lo harán. La verdad es que es muy egoísta de tu parte.

Harry Potter y la Piedra Filosofal, Cap 9 «El duelo a medianoche»

Esa noche a las once y media, Ron y Harry se preparan para ir en busca de Draco y realizar el duelo de magos. Pero, cuando ya habían logrado salir de la sala común, Hermione los intercepta y trata de detenerlos. Al Harry y Ron negarse, Hermione los deja ir a regañadientes. Pero a pesar de tener buenas intenciones con los chicos, se encontró con un problema: la dama gorda se había ido de su cuadro, y ahora no podía ingresar de nuevo a la Sala Común de Gryffindor. Así que, como si el hecho de que los muchachos se intenten escapar a hurtadillas de la sala poniendo en peligro los puntos de la casa no fuera suficiente, se tuvo que unir a ellos porque de otra forma, Gryffindor podría perder más puntos.

Y la noche se estaba poniendo peor. Una sombra se acercó a ellos y no supieron donde esconderse. Gracias a Merlín era Neville, que no podía recordar el nuevo santo y seña del cuadro. Lamentablemente para Harry y Hermione, si estaban sufriendo por tener que ir con la molesta Hermione, ahora también debían ir a su enfrentamiento con Neville.

Duelo_Medianoche

De cualquier forma, los cuatro siguieron su camino. Al llegar al lugar donde sería el duelo, esperaron a Draco por unos minutos hasta que se dieron cuenta de algo: Filch estaba en busca de dos estudiantes fuera de la cama. Draco les había tendido una trampa y ahora no podían regresar a la Sala Común por el camino que habían hecho antes y deberían encontrar otro.

Corrieron lo más que pudieron evitando al celador hasta que encontraron una enorme puerta cerrada. Hermione apartó al grupo y al susurro de un “Alohomora” abrió la puerta. Habían dejado atrás a Filch, pero ahora encontraron algo peor.

Harry se dio la vuelta y vio, claramente, lo que pasaba. Durante un momento, pensó que estaba en una pesadilla: aquello era demasiado, después de todo lo que había sucedido.

No estaban en una habitación, como él había pensado. Era un pasillo. El pasillo prohibido del tercer piso. Y ya sabían por qué estaba prohibido.

Estaban mirando directamente a los ojos de un perro monstruoso, un perro que llenaba todo el espacio entre el suelo y el techo. Tenía tres cabezas, seis ojos enloquecidos, tres narices que olfateaban en dirección a ellos y tres bocas chorreando saliva entre los amarillentos colmillos.

Estaba casi inmóvil, con los seis ojos fijos en ellos, y Harry supo que la única razón por la que no los había matado ya era porque la súbita aparición lo había cogido por sorpresa. Pero se recuperaba rápidamente: sus profundos gruñidos eran inconfundibles.

Harry Potter y la Piedra Filosofal, Cap 9 «El duelo a medianoche»

Cerraron la puerta como pudieron y corrieron marcha atrás por el camino que hicieron antes hasta llegar a la Sala Común de nuevo. Neville se fue a la cama inmediatamente, pero Hermione paró a Ron y a Harry mostrándose sorprendida por un detalle.

Estaba encima de una trampilla. Es evidente que está vigilando algo.

[…]

Hermione le había dado a Harry algo más para pensar, mientras se metía en la cama. El perro vigilaba algo… ¿Qué había dicho Hagrid? Gringotts era el lugar más seguro del mundo para cualquier cosa que uno quisiera ocultar… excepto tal vez Hogwarts. Parecía que Harry había descubierto dónde estaba el paquetito arrugado de la cámara setecientos trece.

Harry Potter y la Piedra Filosofal, Cap 9 «El duelo a medianoche»

Peeves

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Potterhead desde hace 18 años – y sumando. No soy bueno para escribir descripciones de mi mismo.