En el 2007, estuve listo. Leí las últimas palabras de la historia del niño que vivió en la alacena debajo de las escaleras; o eso creí. Cuatro años después, volé a Londres a despedir los vestigios de Harry Potter en el estreno de la última película y, de paso, decirle gracias a J.K. Rowling, aunque fuera de lejos. Allí estuvo ella, dándome lo que yo pensé era el final: Whether you come back by page or by the big screen, Hogwarts will always be there to welcome you home. Un Finite Incantatem para la magia.

Más allá de un epílogo que me pareció forzado y triste, celebré que cerrara la historia. Me pareció un gesto extraordinario para proteger a su mago de cualquier mortífago de los números que quisiera traerlo de vuelta por la fama, el oro o el aburrimiento. Como leí en Harry Potter y las Reliquias de la Muerte, los bancos encierran a los dragones, pero a la magia hay que dejarla libre.

Imaginé que habría otras apariciones del niño que vivió. No se podría encerrar para siempre algo que vivía en corazones alrededor del mundo y que alimentaba avaricias en altos edificios. Ediciones especiales, parques de diversiones, otras portadas, nada me parecía extraño, incluso las declaraciones tardías (tuvo siete libros para contarnos lo importante, lo que podría hacer una verdadera diferencia en su historia o en el mundo). Hasta que apareció Pottermore.

4

Verla en el video de presentación, no lo puedo negar, me emocionó (creo que una parte de mí siempre se emocionará con ella, aunque sea por un simple tuit). Allí estaba Pottermore, el nombre y la idea me parecían un grito diciendo más, más, más (siempre hubo quien pidió más, más, más), ¿pero más qué? Un conjuro, quizá maldición imperdonable, para volver a abrir la historia. El cotilleo sobre los personajes y el cuestionario final para ser seleccionado, no lo puedo negar, brevemente me atraparon, aunque no me gustaba estarlo.

2

Llegaron otras dos grandes sorpresas: la historia de Newt Scamander y una nueva aventura de Harry Potter, una para el cine y la otra para el teatro (aunque los alcances pueden ser enormes). En la primera, me pareció que aprovechó el mundo mágico que creó años atrás, estas películas abren un abanico de posibilidades: más tarde bien podrían contarnos sobre los merodeadores, los fundadores de Hogwarts o el Quidditch. No sé cuánto quiero saber del mundo mágico, no sé cuánto cambiará, podría llevarse la esencia de esa realidad alterna, derrumbar lo que imaginé. O no.

1

Un verdadero terror me invadió con Harry Potter y el legado maldito, quizá por culpa de la atmósfera que intentaron crear a su alrededor: la octava parte de la historia, sobre todo, llamar a su versión impresa el octavo libro. Desconozco cómo fue el proceso para crear este texto, pero no me atrevería a considerarlo como la continuación de esa cicatriz que llevaba nueve años sin doler. La magia de los libros no sólo era la historia: era la narración propia de la autora, la espera, las especulaciones, la develación de las portadas. No basta tomar como base una historia de Rowling. Para eso están los fics.

Pues, no quiero leer Harry Potter y el niño maldito, aunque quizá lo haga. Intentaré ver Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos, sin la terrible sensación de que algo saldrá mal. Tal vez sea el único aguafiestas.

La anterior opinión pertenece exclusivamente a su autor y aunque no representa de ninguna manera la opinión de todos los colaboradores de Hogwarts Latinoamérica, creemos que es fuente de inspiración y crítica motivadora para todos los Potterheads.

- Afiliado -
Compartir
Tal Hermione Granger, casi siempre estoy leyendo; también escribo, dibujo y sueño con dragones. A mis 28 años, llevo un niño interior que duerme en la alacena debajo de la escalera.