Durante muchos años, acompañamos a Harry Potter en sus aventuras, sus pensamientos, sus miedos e, incluso, sus sueños. Vivimos junto a él la emoción de descubrir Hogwarts, el valor de los grandes amigos (y enemigos), la importancia de enfrentar los miedos, el fulgor del primer romance y mucho más. Supimos qué hacía y pensaba ante cada situación, algunas veces, compartimos sus reacciones y otras estuvimos del otro lado (la posición de Hermione). Harry Potter es, sin duda, ese amigo al que entiendes y recurres a pesar de los años y la distancia.

Para celebrar al niño que vivió en su cumpleaños (fecha que comparte con su creadora, J. K. Rowling), recordamos siete curiosidades que quizá olvidamos o dejamos pasar por preocuparnos si los mortífagos lo encontraban o si él atrapaba la snitch en el partido contra Slytherin.

1. Otras cicatrices

Todos sabemos que Harry tiene una cicatriz con forma de rayo en la frente, vestigio de su primer encuentro con Lord Voldemort; sin embargo, ésta no es la única marca que tiene. En su quinto año en Hogwarts, tras un sinfín de dolorososcastigos con Umbridge, una cicatriz con la leyenda “I must not tell lies” (“No debo decir mentiras” en español) apareció permanentemente en su mano derecha. En la columna de chismes de Rita Skeeter, algunos años después de la Batalla de Hogwarts, ella menciona que Harry tiene una nueva cicatriz, esta vez en la mejilla derecha, aunque no se sabe más de ella.

2. Primera mascota

En su primera visita al Callejón Diagon, Hagrid le regala de cumpleaños a Hedwig, una fiel (aunque a veces rencorosa) y blanca lechuza; pero esta ave no fue la primera mascota de Harry. Mientras aún vivían sus padres, la familia Potter tenía un gato, al cual, por cierto, Harry casi mata con su escoba de juguete. La compañía felina es un buen sello para marcar la típica familia de magos que él habría tenido si Lord Voldemort no hubiera matado a sus padres.

3. Primera escoba

La Saeta de Fuego no fue la primera escoba que Sirius Black le regaló a su ahijado. Cuando Harry cumplió un año, Sirius le regaló una escoba de juguete, la cual montó y casi dominó enseguida. El gato, un jarrón que Petunia le dio a Lily y los adornos de la casa fueron las primeras víctimas de Potter y su escoba, mucho antes que Draco Malfoy y el resto del equipo de Slytherin.

4. ¿Tatuaje?

En el sexto año de Harry en Hogwarts, se corrió el rumor de que él tenía un tatuaje con forma de hipogrifo en el pecho; y Ginny Weasley dijo que en realidad era un colacuerno húngaro. ¡Pues no! Prácticamente acompañamos a Harry en todas sus aventuras (y dolores) de sus años de estudiante, y habríamos notado la visita de Harry a una tienda de tatuajes (incluso, tal vez, Lord Voldemort lo habría sentido por el dolor). Además, Ron Weasley comprobó que Harry no tenía tatuajes cuando se transformó en él para escapar de Privet Drive.

5. Malos cumpleaños

Harry tuvo malos cumpleaños antes y después de descubrir que era mago. Pasó esta fecha siendo ignorado, sintiéndose terrible, huyendo y recibiendo horrorosos regalos (como calcetines viejos y libros que muerden). Inclusive, mientras sus padres vivían, no tuvo una gran celebración: pasó su primer cumpleaños escondido en su casa, siendo acompañado únicamente por James, Lily y Bathilda Bagshot. Seguramente, el 31 de julio no es una fecha que Harry espere con muchas ansias.

6. La Reliquia de la Muerte elegida

En el séptimo libro, Harry termina, de algún modo, poseyendo las tres Reliquias de la Muerte; sin embargo, cuando sus dos mejores amigos y él se preguntan cuál sería el objeto que elegirían, él responde que la Piedra de la Resurrección (Hermione opta por la Capa de Invisibilidad, y Ron, por la Varita de Saúco). Esta elección nos dice algunas características de Harry: su profunda añoranza y su estrecha relación con las pérdidas. Como bien dice Albus Dumbledore, nuestras elecciones muestran lo que somos, más que nuestras habilidades.

7. Malos Regalos

Harry no sólo ha tenido malos cumpleaños, también ha tenido muy malos regalos, algunos para rememorar (y recordar cuando queramos dar un pésimo obsequio): una moneda de cincuenta peniques, galletas para perros (sin conocer a Canuto todavía, ni tener un perro), palillos, una caja con gusanos, pañuelos, chocolates con filtro de amor, pasteles duros y más calcetines. Más ha habido buenos regalos, incluso uno igual de potente que un whisky de fuego.

Aunque el 31 de julio no sea una gran fecha para Harry, sus fanáticos alzamos nuestros tarros de cerveza de mantequilla para celebrarlo y agradecerle la compañía de todos estos años.

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Tal Hermione Granger, casi siempre estoy leyendo; también escribo, dibujo y sueño con dragones. A mis 28 años, llevo un niño interior que duerme en la alacena debajo de la escalera.